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El profesor Matías Duval, a propósito de su estudio sobre el cerebro de León Gambetta(1) decía: "Si no temiese emitir así una proposición poco científica en su forma, diría de buena gana, que este cerebro me parece muy bello". Y esta es por cierto la impresión que se experimenta a primera vista, cuando se abraza el conjunto de la bóveda cerebral, del cráneo de Maceo. Sí, este cráneo es bello por sus líneas, en general; ya se le mire desde arriba (norma verticalis) ya se le contemple de perfil, el ojo percibe en todas ocasiones la curva armónica que saliendo del origen de la nariz va a perderse en la parte inferior de la región occipital. No porque sea un cráneo realmente simétrico, puesto que el parietal derecho es sensiblemente mayor que el izquierdo. Pero esto es un hecho común, porque no hay cráneo que sea en realidad de una simetría perfecta. La región facial, en su parte supranasal poco desarrollada, se armoniza con la conformación general de la bóveda cerebral, a tal punto, que esta cabeza pudiera confundirse con la del europeo mejor dotado en orden a esas proporciones. En la parte inferior, infranasal del maxilar, aunque ligeramente prognata, pudiera encontrarse un razgo característico de la raza negra, como existe también en la curvatura de la arcada alveolar superior, en forma de Upsilon. Como pormenores interesantes notaremos de paso, el insignificante desarrollo de las arcadas superciliares, carácter distintivo en esa región del cráneo de la raza Amarilla; y es muy notable en los negros los cuales tienen con ellas, a este respecto morfológico, el más estrecho parentesco. Las suturas, todas las suturas perfectamente distintas: y ya insistiremos más tarde sobre este hecho. En la región posterior ú occipital, la existencia de un hueso interparietal, sobre la significación del cual haremos algunas consideraciones al fin de este trabajo. Un examen muy superficial del resto del esqueleto, demuestra que pertenecía a un hombre de una fuerza hercúlea. Las medidas parciales tomadas en los huesos principales, nos conducirán a deducciones muy interesantes bajo el punto de vista de la estatura y de la raza. Recordemos en fin, como preludio, que Antonio Maceo era un mestizo; que el cruzamiento del blanco y el negro, crea un grupo ventajoso, cuando la influencia del primero predomina; pero un grupo inferior cuando las dos influencias se equilibran, y con mayor razón cuando la negra lleva en ello la ventaja.
Reproduzcamos ante todo, las medidas craneométricas y osteométricas:
Cubicación por el método de Broca -1,580 centim. cúb.
Milímetros Proyección anterior 110
DIÁMETROS Milímetros D. anteroposterior maximum 191 CURVAS Milímetros Curva longitudinal frontal sub-cerebral 12
Milímetros Indice cefálico 73,80
Centímetros Clavícula 16 Milímetros
Cubicación por el método de Broca- 1,580 centímetros cúbicos: He aqui un hecho de primer orden. Broca llegaba hasta
decir "que no solo la comparación de las capacidades
craneanas aquivale a la de los cerebros mismos, sino
que, da bajo muchos respectos mas seguridad que la de
los pesos de esos cerebros".
que nos da la cifra de 1,594 que difiere muy poco de la primera, la cual continuaremos admitiendo por eso mismo como buena y verdadera. Negros de Africa 1437 c.c. Bastará una simple mirada a este cuadro comparativo para demostrar la extrema importancia de la cubicación del cráneo.
El doctor Manouvrier encontró, por modo directo, que, comparando el peso conocido del encéfalo de 52 individuos con su capacidad craneana obtenida por el método de Broca -y calculando las relaciones individuales de cada uno- y colocándolas en series, presentaban la fórmula siguiente: El peso del encéfalo: capacidad craneana: 1: 0,87 De donde se deriva la fórmula: Para obtener el peso probable del encéfalo, dada la capacidad craneana, multiplicar la capacidad craneana por 0,87. Por medio de la cifra ya conocida, 1580, encontramos que el peso probable del cerebro de Maceo, era 1374 gramos.
Gramos Peso del encéfalo de 5 negros de Africa 1246
3.1.1. El indice cefálico expresa la forma general del cráneo por la relación de su ancho con su largo máximum y es el aspecto que se presenta a la vista, cuando se mira el cráneo desde arriba. El cráneo de Maceo con su índice 73,80 es francamente dolicocéfalo. Un grupo de negros 74
85 negros de Africa Occidental 73,40 A. Maceo 73,80 El índice vertical expresa la relación de dos diámetros cuando se considera el cráneo por una de sus caras laterales. 125 Parisienses Modernos 72,2 A. Maceo 72,76 El índice frontal superior o estefánico varia en las razas de 79 a 92. A. Maceo. 91,23 82 negros Africanos 94,2 Más adelante insistiremos sobre ese carácter interesante.
Si en un grupo dado, se considera la circunferencia total del cráneo, no se llega, en general, sino a obtener medidas casi siempre idénticas. Pero si se subdivide el círculo total en dos semicircunferencias, una anterior y otra posterior, -tomando para ello los condutos auditivos como punto de partida- se encuentran diferencias que se prestan a interesantes consideraciones. En efecto, este último resultado no debe sorprendernos. Si de una manera general, se puede afirmar que el desarrollo intelectual está en razón directa del desarrollo del cerebro, es cosa no menos verdadera, que ciertas regiones del cerebro están mas especialmente consagradas a tal o cual orden de fenómenos psíquicos. Y a pesar de que la ciencia no haya podido dar todavía, bajo el punto de vista de las localizaciones cerebrales, afirmaciones netas y concluyentes, no es por eso menos cierto que considerando los fenómenos del cerebro en su conjunto, y sintetizándolos, puede decirse que la parte del cerebro anterior a las dos cisuras de Rolando, está en cierto modo consagrada a las funciones psíquicas de orden elevado: inteligencia, ideación, imaginación, concepciones nobles y generosas, al par que la parte posterior situada por detrás de esos mismos surcos, toca mas particularmente a las necesidades instintivas, a la acción propiamente animal de nuestra existencia. La región anterior es pues la mas noble; la otra, es la parte animal, salvaje y material. Curva horizontal, total: Milímetros De un grupo de negros africanos 512,2 Pero como acabamos de decirlo ésta curva se divide en dos partes: C. anterior de Maceo 280 mm.
C. posterior 260 mm. Lo que demuestra desde luego el desarrollo exagerado del cráneo anterior con relación al cráneo posterior y le hace entrar de lleno en las Razas Frontales. Encontramos ese carácter mucho más manifiesto si establecemos la relación que existe entre la porción preauricular o anterior y la circunferencia total = 100. En los negros 46,0 Esta proporción casi constante, dice Topinard,(2) es realmente curiosa, pero negativa. Podría demostrar que la porción anterior del cráneo, tiene sensiblemente el mismo desarrollo en todas las razas. Los parias de la India, inferiores bajo tantos otros conceptos están aquí por encima de todas las otras razas. En cuanto a la capacidad craneana figuran al fin de la lista; en cuanto al volumen del cráneo anterior, están en la cúspide. Parias de la India, 48. Pues bien; por este carácter especialísimo A. Maceo se coloca muy por encima de los mismos Parias con la cifra 51,8.
Tasmanianos 65,5
Varía de 95 a 88,2 en las razas amarillas. Verdad es que Broca ha encontrado en neocaledonios 100, en una negra del Sahara 104, en un chino 107.
Por el contrario las razas negras pertenecen al grupo de los Platirrinos, (esqueleto de la nariz ancho) entrando las razas blancas en el grupo de los Leptorrinos, es decir, de esqueleto alargado, en la nariz.
Antes de abandonar el estudio de la cabeza por el del esqueleto nos queda por decir algunas palabras sobre las suturas del cráneo de Maceo. Como hemos visto ya en la descripción anatómica todas las suturas son todavía distintas. Solo en la parte vecina a la región inferior de la sagital, y la inferior a cada lado de la sutura coronal, se puede comprobar un comienzo de fusión; caracteres que corresponden en todos los tratados a la edad de 40 años. Luego, pues, Maceo tenía en el momento de morir 51 años. Existe, pues, aquí una contradicción, flagrante con respeto a los signos de la edad deducidos del estado de las suturas. Como también una contradicción a la ley de Gratiolet que pretende que la sinostosis camina de adelante atrás en las razas inferiores y de atrás a delante en las razas superiores, a fin de que queden los lóbulos anteriores del cerebro, por espacio de más largo tiempo, en aptitud de desarrollarse y de ejercitar sus altas funciones. En resumen, lo que importa tener presente, y es la deducción capital que ha de sacarse del estudio de las suturas en el cráneo de Maceo, es que de una manera general, las suturas permanecen abiertas durante todo el tiempo que es capaz de crecer el cerebro, o que tiene probabilidad de crecer el individuo.
El estudio del resto del esqueleto, sobre todo el estudio de las proporciones de los huesos largos, nos suministra datos interesantes bajo el punto de vista de la talla y de la raza. Y desde luego en cuanto a la talla. Según el cuadro de Orfila, el fémur de Maceo con = 47 centímetros y el húmero = 33. dan una talla que corresponde a 1.77 m. a 1.79 m. La tibia = 39; y el radio 26,5 dan una talla que corresponde a 1.80 m. De manera que refiriéndonos a la ley de la osteometría, la talla de Maceo puede ser valuada de 1.77 a 1.80m., que según todos los que le han conocido vivo, es la suya verdadera. Es la misma que nos ha servido ya para evaluar el peso probable del encéfalo. Y no es esto: White desde el año 1794, Lawrence en 1817, Humphry sobre todo en 1838, aseguraban que el muslo y el brazo del negro son mas cortos que los del blanco. Su miembro superior mas largo. Su pierna, de un modo absoluto tiene la misma longitud, pero comparada con el muslo es mas larga. Una mirada al cruadro comparativo siguiente, probará que por estos mismos carácteres, Maceo pertenece a la raza negra. Proporción del esqueleto refiriéndose las medidas a la talla - 100.
Para terminar este estudio pasemos a la descripción de la anomalía ósea ya indicada en la región occipital del cráneo de Maceo, el hueso interparietal. Pero insistiremos tanto más en este punto particular, cuanto que ha dado ya lugar a interpretaciones completamente erróneas. Los señores Rivero, director del Museo de Lima y Tschudy, sabio suizo en sus célebres (3) investigaciones sobre las antigüedades peruanas, sostienen que antes de la fundación del imperio de los Incas, existían en el lugar tres razas distintas. Los chinchas. Señalan una anomalía osteológica muy interesante que han designado bajo el nombre de hueso incae o del inca y que se observa sobre los cráneos de estas tres razas primitivas: "los niños de ambos sexos en los primeros meses después del nacimiento, presentan un hueso interparietal perfectamente distinto. Está anomalía ósea puede faltar en todas las otras razas humanas, mientras que es uno de los carácteres distintivos de los animales rumiantes y carniceros." Antes de Tschudy y Rivero, M. Bellamy en 1842, había hecho la misma observación en la momia de una niña de algunos meses, y había encontrado en la de un muchacho de un año de edad, una cisura incompleta indicando según el, que en una época todavía reciente, un hueso grande complementario, comparable al hueso interparietal de los animales había venido a soldarse al occipital. Y se había preguntado si estos dos hechos se referían á una anomalía de estructura, ó á una disposición normal propia de esa raza de hombres, inclinándose a admitir esto último. Invocando este precedente, y refiriéndolo a sus propias observaciones, los señores Rivero y Tschudy admitieron que la antigua raza del Perú estaba caracterizada por la existencia de un hueso craneano supernumerario, análogo al interparietal que se observa en un gran número de animales. La pretensa característica de los antiguos Peruanos consiste pues sólo en esto: que una disposición ósea, en cuanto á todos los demás, excepcional ó anómalo, se hacía típica entre ellos. En una docta memoria sobre "las antiguas razas del Perú" comunicada en 1860 a la Sociedad de Antropología de París (4) el doctor L. A. Gosse (de Ginebra) en cuanto a la pretendida característica de los cráneos peruanos, reconoce que era de todo punto ilusoria; que faltaba en la mayor parte de los cráneos y que no era por consiguiente, sino una anomalía; admitiendo sin embargo, que esta anomalía era más común entre los antiguos peruanos, que en las otras razas. Sea pues de ello lo que quiera, era una idea bastante generalizada de que los antiguos peruanos estaban más sujetos que los individuos de razas conocidas, a la anomalía que deja persistir al estado de hueso aislado la porción superior de la escama occipital, anomalía que hace permanente una disposición embrionaria, y que entra por consiguiente en la clase de detención de desarrollo (arrét de developpement). Se ha preguntado que si la desigual frecuencia de esta detención de desarrollo en las diversas razas, no dependería de la desigual rapidez de la evolución de la escama occipital. Se comprendería bien que si en una raza la fusión de las piezas del occipital fuera naturalmente más tardía -si en otros términos,- las primeras fases del desarrollo de éste hueso durase mas largo tiempo, la anomalía tendría más probabilidad de producirse, puesto que las causas capaces de detener la fusión podrían obrar durante mayor tiempo sobre estas dos porciones del mismo hueso. Con esta mira, se ha examinado con atención el estado del occipital en los cráneos de los niños peruanos. Este examen ha podido hacerse un número considerable de veces, y casi siempre ha dado un resultado negativo. Las cuatro piezas del occipital estaban soldadas entre sí, ni mas ni menos que lo están en todos los niños de la misma edad. Pero eso no prueba nada, puesto que la fusión de esas piezas se efectúa muy largo tiempo antes del nacimiento, y aún cuando se hubiese retardado algunas semanas, podría no subsistir ya ninguna huella de este retraso, en la época del nacimiento. No es pues, en niños de tierna edad, ni en recién nacidos, sino en fetos todavía lejos del término, donde debió estudiarse con fruto el asunto. Pero no se había presentado ocasión para ello, hasta el año de 1875, época en que Broca(5) recibió en el laboratorio de antropología una momia de un feto que un médico de la Marina Francesa el doctor Bourru, le enviaba desde el Perú, -momia recogida en un antiguo cementerio de Aymaras, en los alrededores de la Ciudad de Arica. Los huesos del esqueleto tenían las dimensiones y el grado de osificación correspondiente a un feto llegado al 6o. mes de la vida intra-uterina, e incomparablemente más próximo a los períodos de formación, que los niños hasta entonces estudiados. De aquí el gran interés que revestía la pequeña momia recogida en Arica. La escama del occipital se constituye en el transcurso del 4o. mes; esa escama se desarrolla por cuatro puntos de osificación laterales, dos superiores correspondientes al cerebro -dos inferiores corres-pondientes al cerebelo. Hacia el comienzo del 4o. mes los dos puntos superiores se unen para formar el interparietal, y los dos puntos inferiores lo hacen a su vez para formar el Inión y la porción cerebelosa de la escama. La escama por consiguiente no se compone entonces sino de dos piezas, una superior, la otra inferior, separadas por una línea transversal. Pero este estado es solo de corta duración. Desde el momento que los puntos laterales se han reunido dos a dos, la pieza interparietal comienza a soldarse con el Inión, y ocupa el medio del borde superior de la pieza inferior. La escama occipital queda desde entonces constituída bajo el punto de vista osteogénico, pero no lo está bajo el punto de vista morfológico, porque se echa de ver hacia arriba una fisura vertical que separa de un modo incompleto los dos puntos de osificación superiores y de cada lado una cisura horizontal que separa la parte externa del interparietal, de la porción cerebelosa de la escama. Estas tres cisuras se cierran luego poco a poco, de su parte central a la periférica; pero esa sutura no se efectúa ya sino de un modo lento; no ha terminado todavía en la época del nacimiento: muy probablemente aún la parte externa de la cisura horizontal no se borra nunca y queda aparente hasta la vejez bajo la forma de una línea de 1 a 3 centímetros de largo, que parte de la extremidad inferior de la sutura lambdoidea, y se dirige adentro hacia el Inión. Esa cisura llamada Interparietal es el vestigio de la sutura Inter-parietal que persiste completamente en algunos cráneos excepcionales. En el occipital de la pequeña momia del doctor Bourru, la escama es de una sola pieza. Además, la profundidad de las cisuras interparietales estaba ya reducida de un modo notable, y es cierto que la soldadura del interparietal date ya de algunas semanas. El estado del hueso es el que corresponde normalmente a la edad del sujeto. De donde se puede concluir que la evolución del occipital no se ha retardado de un modo sensible, pues en una época tan próxima al momento ordinario de la soldadura, los efectos de un atraso aún insignificantes no se habrían borrado todavía por los progresos ulteriores de la osificación. Faltaba saber si estos trastornos de osificación son frecuentes, o si lo son más en ciertas razas y en ciertas condiciones. Anoutchine, operando en millares de cráneos en los Museos de Europa (6) ha hecho estadísticas a este respecto . He aquí el tanto por ciento de los resultados:
Peruanos 6.8 Para concluir, diremos con H. Jacquart: que esta particularidad no es más característica en las tres razas peruanas primitivas que en cualquiera otra raza de la especie humana. Que se encuentra el hueso epactal poco más o menos, y de un modo indistinto en todas las razas. Suponiendo que la existencia del hueso epactal sea
constante en los primeros meses del nacimiento, o al
menos mas frecuente que en cualquiera otra raza humana
(y nuestro trabajo prueba lo contrario) no tiene ya de
hoy mas el hecho, la importancia que se le ha querido
atribuir, puesto que se le encuentra por doquiera, aún
más allá de la edad adulta. No existe pues en ello un
carácter de raza, sino una mera particularidad
osteogénica.
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Llegados al término que le habíamos impuesto a este trabajo, he aquí las conclusiones, que nos creemos autorizados a sacar del estudio antropológico realizado.
1o. Como ya lo hemos visto en mas de un punto en el curso de estas investigaciones, muchos carácteres antropológicos reintegran a Maceo en el tipo negro, en particular, las proporciones de los huesos largos del esqueleto. 2o. Pero se aproxima más a la raza blanca, la iguala, y aún la supera por la conformación general de la cabeza, por el peso probable del encéfalo, por la capacidad craneana, lo que permite definitivamente afirmar en nombre de la antropología: 3o. Que dada la raza a que pertenecía, y el medio en el cual ejercitó y desarrollo sus actividades, Antonio Maceo, puede con perfecto derecho ser considerado como un Hombre Realmente Superior.
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