Ante Proyecto

Propuesta: Concertación Pro- Diálogo y  Reconciliación

(CPDR)

 

Concertación que proponemos se constituya con los diversos segmentos de la sociedad civil, los cuales gozarán de total independencia y la presencia en el flamante proyecto estará motivada por el sincero deseo de trabajar con miras a crear los ambientes que permitan iniciar el diálogo y la reconciliación entre los diversos componentes de la nación, a propiciar las condiciones con miras a las necesarias transformaciones que la sociedad está demandando.

 

Es menester que los potenciales integrantes del citado ante-proyecto, puedan tomar nota del análisis que le acompañamos de la actual situación en que se encuentra la sociedad y los fundamentos en que descansan nuestras propuestas para las reformas en Cuba.

 

De concretarse estas ideas, los que al final la integren, deberán superar los anteriores intentos de agrupar a los diversos segmentos de la sociedad cubana y que por un conjunto de causas no lograron alcanzar los loables propósitos que se habían fijado.

 

Por lo anterior, los que en definitiva formen parte de esta concertación, trabajarán con sumo cuidado, con el propósito de no  incurrir en los errores que determinaron, si no el final, la inmovilización de los anteriores proyectos. Por tal motivo se impone proceder con mucho tacto y refinada inteligencia para poder alcanzar los propósitos por los cuales decidiremos constituirnos en una original e inédita Concertación.

 

Este no será el documento final de la Concertación, el mismo está sujeto a cambios y no es más que una propuesta o ante proyecto para iniciar los trabajos. El documento final del proyecto, así como la declaración pública, saldrán luego del consenso de todos en los debates que se originen en las primeras reuniones de los que acepten integrar esta Concertación.

 

Tema: 1.-  Diálogo, Sucesión, Cambios y Reforma. ¿ Cómo cristalizaremos estas etapas?.

 

El hecho de que la reforma no sea aceptada por la élite, no quiere decir que en secreto y en sus círculos muy exclusivos, la burocracia gubernamental y partidista rece y sueñe por ella. Todos estamos de acuerdo que es ese y no otro su pecado original.

 

En la intervención del Presidente Fidel Castro en el mes de noviembre de 2005 en el Aula Magna de la Universidad de la Habana, y la reflexión apologética del Sr. Felipe Pérez Roque, Ministro del Exterior, en la pasada legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, el pasado diciembre de 2005 quedó manifestado -en ambas comparecencias- el total rechazo de ese sector intolerante de la nomenclatura al más mínimo cambio y su enfermiza oposición a la palabra transición.

 

Es notorio que ese grupo ultra conservador no deja de manifestar su inconformidad con todos los procesos democratizadores. Es bueno que todos entendamos que la no aceptación de las reformas, coloca al gobierno cubano en una zona de complicidad o apego nostálgico con todas las ortodoxias de la fracasada etapa comunista. Lo anterior nos dice que su postura va encaminada a explicitar públicamente su alineación con los grupos más conservadores, dentro y fuera, de la geografía política actual, es decir, opuesta y enfrentando a todos los movimientos democráticos y reformadores, hoy vigentes en Cuba y fuera de sus fronteras.

 

Deseamos alertar que el camino de las reformas, en las actuales condiciones, es más difícil debido a que la revolución triunfante en 1959, hoy en día sólo existe en la mente de unos cuantos miles. ¿Por qué afirmamos esto?:

 

Hay que entender que nuestra lucha, para que triunfe, se impone desplegarla en dos frentes simultáneos; contra los conservadores y el resto de los que todavía se consideran revolucionarios. Estos últimos intentan caer en los extremos, complejizan, dramatizan y amalgaman los problemas, no importa la naturaleza, terminando siempre en la dicotomía de las fuerzas del progreso y de la reacción y son amantes a las divisiones. Mientras que los reformadores se encaminan a su diversificación, los llamados revolucionarios se caracterizan por su rigidez. Los reformadores los aventajan en flexibilidad y adaptabilidad, por ende los reformadores, necesariamente, logran imponerse por su habilidad política. Son diestros en el manejo de las fuerzas sociales, demuestran tacto y refinamiento en los enfoques y debates en lo referido a los cambios sociológicos; el mensaje a sus receptores es transparente con una carga de emotividad y optimismo. Por ello, el pueblo cuando se ponga en contacto con sus propuestas comprenderá que los cambios, a los que hacen referencia, no son inmediatos, sino que debe quedar en las mentes de los ciudadanos que estos serán graduales, alejados de toda convulsión violenta. Lo anteriormente mencionado plantea el difícil desafío de, que estas propuestas deben ser equilibradas, dentro de los espacios legales y estructurales del gobierno. Sólo así, y no de otra manera, alejaremos los temores potenciales, entendiendo que en la primera fase los cambios hay que llevarlos a cabo de tal manera que nadie salga perjudicado.

 

Estimamos que lo prudente es operar paso a paso, incorporando la novedad de deslindar las reformas económicas de las políticas. Quizás esto último provoque controversias, pero los hechos y la situación actual nos dicen que para poder triunfar, la reforma en su primera etapa, lo reiteramos, no se embarcará en cuestionamientos suicidas de la cúpula del poder. Lo prudente, lo inteligente es rehuir las suspicacias y los mensajes falsos, evadir atrincheramientos innecesarios; por tanto los cambios que se promuevan, no pueden ir dirigidos en esa dirección, porque de hacerlo abortaría todo lo que anteriormente permitió, que las partes entendieran la necesidad de cambiar gradualmente.

 

No podemos olvidar lo difícil de la realidad cubana; para todos está claro que los motores de la reforma, la pequeña y mediana empresa, la apertura regulada a la inversión extranjera en la industria, los servicios y la agricultura hoy están en franca fase de retroceso. La élite no comparte la tesis de economía socialista de mercado, fórmula propia de capitalismo de Estado, donde se permite la presencia de la inversión extranjera directa y la liberación del mercado interno.

 

Hoy esos motores el gobierno los tiene desactivados. El hecho es que de autorizarse la contratación libre, el mercado del trabajo y la extensión de la propiedad privada en los sectores de los servicios y la agricultura, despiertan el temor  de la élite a la aparición de nuevos sectores políticos que les disputen el poder. Como comprenderán eso es falso; medidas como las indicadas que propicien los cambios en la economía, liberarían potenciales fuerzas hoy arbitrariamente inmovilizadas y se le daría un golpe mortal a toda una ingeniería generadora de la corrupción, vicios, robos, mercado informal que las artificiales escaseses y el arbitrario control o descontrol está generando con los graves efectos de deformación social que durante décadas ha originado tan inoperante e inviable modelo.

 

El reto que tenemos que asumir es que la realidad es una. Por un lado están aquellos que sinceramente entienden que la salida es la reforma y por el otro, la obstinada resistencia de la élite de no escuchar nada respecto a reconciliación, reforma, cambio o transición.

 

La transición constituye un fenómeno político y socio-económico que debe ser menos traumático que la revolución, dado que este proceso se caracteriza, en esencia, por el diálogo transicional, la puesta de acuerdo con sus protagonistas y la exclusión de todo género de violencia. Es ahí su diferencia y distancia cualitativa de la revolución, que en el caso de Cuba ya en 1976 fenecía.

 

La imaginación de los propugnadores de las reformas deben ser puestas a prueba en la medida que su labor contribuya  a eliminar las grandes tensiones sociales en que está envuelto el pueblo cubano, ser todo lo hábil para solucionar los desencuentros, presentes en la vía del diálogo, evitando rupturas y radicalismos suicidas y termidorianos.

 

Un paso crucial para hacer irreversible el proceso reformador es la voluntad de la élite de hacer dejación de su poder y privilegios. Que se dispongan a sacrificar sus intereses mantenidos por más de cuatro décadas y prescindir de los idearios que los llevo al poder. Todo esto por si mismo cobra una alta significación política.

 

El fenómeno de las iglesias tienen sus claves muy particulares, no hay consenso en el seno de ellas, en torno a identificar los problemas actuales y compartir propuestas de diálogo, cambios y reformas, de igual manera sucede en las instituciones fraternales. La Iglesia Católica romana, por una suma de razones convincentes, hoy está distante del discurso y accionar del gobierno. Los prelados cubanos son hoy muy críticos y defienden, sin embargo, las propuestas que conduzcan a una renovación del actual sistema de gobierno. Esta posición no es común en muchas denominaciones protestantes, incluso en agrupaciones que profesan y divulgan las creencias sincréticas africanas, estas últimas se identifican con la línea y proceder del régimen, por tanto hoy resulta una incógnita conocer cual sería su reacción, sino a sumarse, al menos a que reconocieran nuestra concertación.

 

Debido a una labor insidiosa, los gobernantes cubanos han logrado mantener divididas y enfrentadas a las distintas iglesias, estando ausente un diálogo ecuménico que tanta falta nos hace. Esto, de concretarse, podría disminuir las actuales tensiones, desencuentros y confrontaciones religiosas. Claro que los más favorecidos con la situación actual, son los inquilinos del bunker gubernamental.

 

El mensaje que hagamos llegar a la élite debe ser de participación, de búsqueda conjunta de soluciones a los graves problemas que aquejan a la sociedad. Sería fatal adentrarnos en cuestiones de privilegios y control de zonas de influencias por la élite que detenta el poder, eso eliminaría las potenciales confrontaciones y cerraríamos todo intento de comprensión y colaboración.

 

El escenario para los que proponemos tan ambicioso proyecto, es poseído por un no desdeñable segmento de la élite, que atemorizado se ha resguardado en su bunker y desoyen e ignoran a todos aquellos que intentan promover cambios, creando obstáculos y no vacilan en soluciones extremas, contrarias al urgido gradualismo porque su temor, que no deja de ser razonable, después de tantas décadas de régimen intolerante y  cerrado, es que todas nuestras fundadas propuestas la estiman, potencialmente,  como el naufragio de su sistema.

 

Lo anterior no nos puede llevar al error de pactar una reforma que beneficie a la élite y a la vieja nomenclatura, eso no será así. Lo que nos proponemos ante este real conflicto de intereses, es propiciar el consenso entre todos los protagonistas. Gobierno, clase política, sociedad civil, fuerzas armadas, iglesia y todo el que quiera incorporarse, para dar inicio a una transición conforme al juego de las relaciones de fuerzas imperantes. Sólo así y no de otra manera encontraremos la vía más expedita para el establecimiento de la democracia en el sentido más moderno y poder afianzarla definitivamente en Cuba.

 

En torno a lo anteriormente señalado pedimos que reflexionemos sobre tan delicada y dificultosa etapa, la cual nos pondrá a prueba y en la que demostraremos nuestro juicioso dominio de la política en los iniciales pasos de la transición.

 

¿ A que tendremos que enfrentarnos cuando intentemos consensuar entre todos los sectores el proceso de reformas?. Como primera cosa nadie se debe llamar a engaños, lo que queremos está dirigido a movilizar a la sociedad para iniciar y completar los cambios. Nada de apuros, lo alcanzaremos por los pasos que la legalidad vigente nos permita, no dando cabida en la Concertación a aquellos que propugnan medidas extremas, radicales, impensadas, que puedan alterar el equilibrio alcanzado producto de los pactos logrados, sin ignorar la precariedad de los mismos, siendo estos los que hacen posible, con los potenciales riesgos, que no se malogre la andadura inicial de la transición, alcanzada por el talante progresista, prudente y moderado de todos los que han considerado que ese es el camino y no otro.

 

Por el síndrome persistente de intolerancia y desacato constitucional de no pocos nostálgicos residentes del bunker, se requerirá como un imperativo de la propia vida de la Concertación, cohesionar y activar como un solo pensamiento, que no es otro que gradualismo, cambió y reforma, hay que cerrarles el paso y no propiciarles pretextos a los guardianes del anciano régimen que no tolerará abrir nuevos espacios de participación social, dado que su modelo es caduco y ha quedado atrás. No caer en las trampas de sus provocaciones, cuyo fin no es otro que subvertir el nuevo orden democrático que intentamos fundar.

 

Los cambios que se iniciarán no estarán determinados por recetas previas. Estas convulsiones se están acelerando por la precariedad de la vida social, el acentuado deterioro de la vida material, así como la acentuada intolerancia y la represión. Ante ese descarnado autoritarismo, no pocos proponen soluciones de fuerza que no son recomendables, por ello hay que desencadenar todo un movimiento donde se impliquen los sectores económicamente más vulnerables y que están deseosos de poner término a tal estado de cosas y consolidar los espacios de participación democrática.

 

Por tanto si hasta hoy el secreto ha sido el principio básico de la política en Cuba, debemos poner en la superficie y con toda transparencia nuestras propuestas, para que la sociedad sin exclusiones las conozca, opine y tome partido de ellas.

 

Lo que tenemos que desmantelar es ese secretismo; el hecho mismo de no tener voluntad, ni tan siquiera de escuchar. La razón de esa terquedad se explica por el hecho de que para la cúpula su preocupación principal, es la conservación de su modelo hasta donde pueda llegar, pero estamos enfrascados en ese conflicto y debemos saber enfrentarlo, sin violencia ni traumas. Es una realidad que la época de la reforma se está incubando aceleradamente en la sociedad, pero el gobierno se opone ponerla en práctica tratando ahora, de manera inconstitucional, de sustituir la república por lo que ellos han decidido llamar “revolución”. Algo que para los entendidos, que por suerte no son pocos, saben que ya no existe y que paradójicamente la propia resistencia a la renovación por ese reducido grupo y que hoy controla el poder, por su propia negativa a la transición,  liquidó antes de que pudiera reformarse.

 

Tal parece que Cuba vive en su propia babel, alejada de todo, de espaldas a las grandes transformaciones que en todos los órdenes se operan en el mundo. Prácticamente este es un tiempo muerto, en la absurda desgastada y baldía dicotomía entre la revolución, que no para pocos fue, y la reforma que todos ansían y que todavía no es. El cierre de todos los espacios, la represión, el no permitir el menor margen de opinión, la cárcel, los ataques infundados y la catalogación maniqueísta de que los buenos son los que están con el gobierno, y los malos los que se oponen a ellos, torna la situación extremadamente peligrosa, porque la historia de nuestro país nos ha enseñado que los conflictos políticos, entre los cubanos, se pueden resolver por diversas vías, pero ninguna por los cambios graduales y negociados.

 

Es preciso que ganemos conciencia de que la transición, aunque la élite no la deseé y la boicoteé se llevará a cabo, lo quieran o no, alejada de la violencia y con la participación y el apoyo de la mayoría de los sectores de la sociedad.

 

Hay que tener la capacidad de entender el perdón para eliminar los actuales climas de encono y división. Los participantes en los cambios, para que estos sean graduales y pacíficos, deben hacer renuncia pública al ajuste de cuentas y a no pedir enjuiciamientos para los que cometieron atropellos y crímenes. Ello implicará un gran sacrificio y un alto sentido de la moral y condición humana. Pero si decidimos asumir esa generosidad, dejando a un lado los problemas, sin importar cuan grandes sean, derrotaremos toda una historia de venganzas y de ajuste de cuentas, de los cuales el odio ha sido el anticoagulante que ha impedido cohesionar solidamente a la nación cubana. El momento es de grandes sacrificios y de renunciamientos de todos. Sólo así, y no de otra forma, construiremos una nueva nación, asentada en los principio de una democracia moderna.

 

El panorama de hoy en Cuba es sumamente complicado, por ello no es recomendable ajustarse a patrones o referencias foráneas, a que si bien el acontecimiento en si de la revolución es un hecho lejano, la élite la ha resucitado en un inexplicable accionar revanchista, enarbolando un discurso apocalíptico y numantista, y de una no oculta actitud cainista que obstaculiza los escenarios permisibles para las reformas, desconociendo todo indicio y propuesta de diálogo y menos aun de transformaciones.

 

Curiosamente las razones de nuestra postura, encaminada a buscar los espacios para la reconciliación, el diálogo y las reformas, descansan en que estructuralmente la economía cubana en el decenio 1993-2003 se transformó de generadora de productos primarios como azúcar, níquel y tabaco, en una economía de rentas y servicios, en la que el turismo y las remesas tienen un peso significativo en los componentes del Producto Interno Bruto (PIB). Esas Transformaciones estructurales propiciaron en el quinquenio 1994-1999 un inusitado desarrollo en todos los órdenes, posteriormente relentizado por la élite temerosa de perder el control de la sociedad.

 

Contrario a la lógica de crecimiento más desarrollo se viene aplicando la absurda y desigual política económica en la esfera de la circulación generadora de desigualdades imparables. En estos momentos las condiciones de vida se hacen muy precarias por el alto costo de la canasta familiar y la contraída capacidad del salario real, por los altos precios de los productos de primera necesidad.

 

Teniendo en cuanta el alto componente de crispación social existente, originado por infinidades de causas, entendemos que lo adecuado es trabajar con el propósito de conciliar las diversas fuerzas en pugna, sean del gobierno o de la oposición o dentro de los propios espacios de estos oponentes. Cuando hablamos de reconciliación no se debe entender por victoria o derrota. Para nosotros lo primordial ahora es integrar esas realidades en un ámbito de paz sin reservas ni rencores; dejando a un lado, para bien de todos, un hecho que desempeñó su rol y le dio paso a la república, me refiero a la revolución, y que los sujetos comprometidos con el cambio reconozcan sinceramente los errores.

 

Un gran escollo que los patrocinadores de este futuro proyecto tendrán que enfrentar, es el de encontrar una racional y equilibrada salida a la actual élite sobreviviente que en 1959 desalojó del poder al General Batista. La que dio inicio a un conjunto de profundas transformaciones que cambiaron desde sus cimientos las estructuras de la nación. Esos acontecimientos, con más sombras que luces, se prolongaron hasta 1976, cuando se puso en vigencia la tercera Constitución, aprobada en un Referéndum Nacional. Esta ley de leyes en 1992 fue sometida a un examen por el pleno de la Asamblea Nacional del Poder Popular, la cual aprobó suprimir e incorporar un conjunto de artículos. Por tanto de derecho y hecho una y otra fecha marca definitivamente el surgimiento y consolidación de la tercera república.

 

Por ello hay que entender que desde el preciso instante que se puso en vigencia la primera ley de la nación la revolución dejó de existir y desde ese momento hasta el presente pasó a ser un hecho histórico.

 

Como el accionar de los integrantes de la futura concertación estará amparado y respaldado por la Constitución hoy vigente en Cuba, plantearemos a la opinión pública la necesidad de que se gobierne y legisle apegados a los preceptos constitucionales en la cual descansa la república. Planteamos esto porque está ocurriendo todo lo contrario. A diario observamos que dirigentes del gobierno, en sus decisiones, ignoran deliberadamente los órganos constitucionalmente vigentes. Sus actos son justificados en nombre de una revolución que ya no existe, que triunfó en 1959 y que para ellos no ha concluido todavía.

 

Esta manera ilegal y desautorizada de gobernar, que incurre en sistemáticas violaciones de lo que está preceptuado es encabezada por el Sr. Presidente de la República de Cuba, quien lideréa la cruzada antirrepublicana, arropado en lo que él ha entendido como herencia patrimonialista por ser el fundador del Ejercito Rebelde y, posterior a 1959, Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas. Como él sus más cercanos seguidores, consideran que por el hecho de haber derrotado a la dictadura batistiana, no se oculta de imponer  su criterio muy personal, violando lo que en una oportunidad él mismo votó, rubricó y ordenó como Jefe de Estado para que se pusiese en vigencia. Ahora plantea para asombro de todos, que la revolución de 1959 no ha finalizado, y que él y los que los rodean han determinado su prolongación hasta hoy. Por lo tanto de no ser así, para ellos resultaría un estorbo, porque de consentir el ejercicio de la pluralidad de poderes y que haya espacio para la opinión y el debate, cuestionaría y pondría en tela de juicio sus actuales pretensiones hegemónicas

 

El debate y encauzamiento del tema referido a los cambios, cuando lo ubicamos en la compleja cartografía sociológica de Cuba, evidencia que existen una suma de particularidades que resultaría desacertado aproximarlas a otras experiencias que ya son hechos medibles. Podemos ilustrar lo anterior con el caso de las fuerzas armadas; el asunto no es si están a favor o se oponen a las reformas. Esto hay que entenderlo como algo más complejo. No podemos ignorar que en los últimos diez años los militares tienen el control y poder real de influencias, así como de decisión y disuasión por el activo desempeño en la economía, no nos referimos a la propiamente militar, ya que estos diseñan, dirigen y administran la política del turismo en Cuba. Esto cobra notoriedad al desplazar este sector, definitivamente, a la producción azucarera que durante 200 años fue la primera industria del país. Son los que formulan las estrategias del transporte, las comunicaciones y últimamente han asumido la administración y explotación portuaria. Por el hecho de ser Cuba un archipiélago queda claro lo importante de este paso.

 

Por todo lo anterior, los institutos armados, como históricamente los conocíamos, la visión tradicional y estereotipada del soldado en el cuartel, en la Cuba de hoy su enfoque y análisis ya no es el mismo.

 

Por ello durante el diálogo y la reconciliación y la posterior puesta en marcha de los cambios, las Fuerzas Armadas jugarán un papel decisivo debido al control que ejercen sobre la economía del país. Contrario a lo que ocurrió en España, muerto el general Franco, los intentos de golpe de Estado en la desaparecida Unión Soviética y la represión de la policía en Rumania, la valoración y acercamiento en Cuba con este clave y decisivo sector hay que tenerlo presente por su alto peso específico, no sólo en los cuarteles, sino que están activamente presentes en la economía. Por tanto sería un suicidio ignorarlos.

 

Deseamos alertar que sería un desatino que nos pongamos a cifrar falsas esperanzas, contrarias a las soluciones democráticas y que sean los tanques los que impongan las libertades hoy ausentes, o reaccionen como es costumbre en las castas militares, se opongan a las reformas y mantengan el actual régimen a cualquier precio. Por nuestra vocación democrática propiciadora de soluciones pacíficas y dialogadas, uno u otro desenlace de plano lo rechazamos.

 

En las actuales condiciones lo inteligente es negociar, conversar. Que los sectores castrenses conozcan, qué nos proponemos y que valor le concedemos a su institución y la voluntad de los que propician los cambios, de que ellos no estén ausentes en las transformaciones pacíficas que pretendemos se operen en la sociedad.

 

La propuesta de organizar esta Concertación está sustentada por el hecho que dentro de la nación, están presentes una suma de elementos que nos confirman que nos encontramos en un tardío castrismo, el cual quiera o no la élite, tienen que asumirlo como una rampa de lanzamiento que propiciará la posibilidad de concretar un conjunto de iniciativas, por la razón misma de los cambios estructurales operados en la macro economía en que la naturaleza del actual sistema, de renta y de servicio, como resultado de los impactos de las remesas y el turismo, componentes principales del Producto Interno Bruto del país, posibilita por infinitos subterfugios la apropiación y acumulación de millonarias sumas de dinero en poder de un grupo apreciable de cubanos. Lo anterior nos dice que no es aventurado afirmar que la iniciativa que propugnamos de reformas y cambios, nos aseguran que la más mínima apertura, acelerará este proceso, hoy lento, de modernidad económica y social de la nación.

 

Estamos seguros que si se inician los cambios en la esfera de la economía, las actuales tensiones sociales de convivencia ciudadana disminuirán. Creando las bases que permitan reducir las etapas que nos posibiliten negociar el establecimiento de un Estado democrático, que será el resultado de una novedosa ingeniería dialogante, desterrando las posturas y tendencias rupturistas o discursos radicalistas

 

Queremos continuar insistiendo en el gradualismo, como la metodología más apropiada para convocar al diálogo y los posteriores cambios que proponemos. No podemos incurrir en el equívoco de desconocer el actual estado en que se encuentra la sociedad. Donde cada día es mayor la intolerancia ciega, generando una crispación social incontrolada. Concientes de esta realidad, sólo lograremos nuestras propuestas, si nos atenemos a que nuestro intento de llegar a la democratización, debe ser negociado paso a paso, sin premura, evitando las rupturas o la violencia, con ese proceder sensato e inteligente, no puede existir la menor duda de que la sociedad lo aceptará y sus elementos más dinámicos se convertirán en los defensores más activos de nuestro ofrecimiento de reformas y cambios.

 

Por el temor, cada día creciente, a un gobierno cuya naturaleza de preservación de su poder es recurrir a conductas de intolerancias, reprime y encarcela, desconociendo y violando todas las normas y legislaciones vigentes, a largas penas en juicios sumarísimos y amañados a todos aquellos que rompen con el miedo y lo denuncian por las irregularidades y violaciones en que este incurre. Ante esa dramática verdad los ciudadanos de a pié tienen fundada desconfianza. El no señalarse forma parte del cuerpo social de la simulación en este estado real de cosas, de las que no escapa nadie. Le corresponderá a los patrocinadores de esta iniciativa emprender los primeros pasos, concientes de los riesgos que hay que enfrentar ante una propuesta tan novedosa e inédita en la historia política e institucional de Cuba. En una atmósfera de frustración y desesperanza, proponemos abordar algo tan concreto como el diálogo, la reconciliación nacional, la reforma y los cambios con un gobierno que la señal que envía, es de no escuchar ni aceptar nada..

 

Esa obstinada postura de ignorar los cambios que se han producido en el seno de la sociedad, se ha mantenido esgrimiendo un discurso decimonónico, aderezado con sismos absurdos e irreales. El gobierno, ya en sus últimas, ha nucleado en torno a él, a residuales sectores intolerantes, fanáticos que no titubean en organizarse y participar a modo individual o en turbas, según el caso,  en las que su fin no es otro que amedrentar y golpear impunemente a los que el gobierno les indica que son sus enemigos. Esa ola de persecución y asedio injustificado, diseñado y protegido por las autoridades, ponen al desnudo que figuras relevante del gobierno, con su proceder injustificado e insensato, están alimentando, peligrosamente, los odios y las venganzas que pueden derivar en situaciones incontrolables, como resultado de la oficialización de una política tan descabellada, inhumana e irresponsable.

 

Ante esta lamentable realidad es que ahora más que nunca la iniciativa de la Concertación está más que justificada, y para conquistar la incorporación de sectores significativos de la sociedad a tan loable propósito, nuestra conducta debe ser un evangelio vivo en la búsqueda de la moderación, el diálogo y la reconciliación nacional, que en nuestra propuesta no habrá espacio para los odios, las venganzas y por sobre todas las cosas, tendremos que aprender a perdonar y a saber vivir en paz con todos aquellos que en una oportunidad nos oprimieron y se consideraban nuestros enemigos.

 

 

La Habana, 30 de abril de 2006 

 

 

ANEXO

 

Elementos que deberán ser asumidos como coagulantes, cuyo empleo por cada uno de los integrantes de la Concertación serán de mucha utilidad para el entendimiento y respeto entre sus miembros y por ende afianzarán la profunda cohesión y la buena marcha de ésta.

 

1.- La Concertación se ha concebido para que no haya líderes o grupos de influencias que impongan sus puntos de vistas o intereses. Primará la horizontalidad por encima de la verticalidad.

 

2.- Las futuras comisiones, equipos de expertos o tareas que se acuerden, no dará espacio a la menor tendencia de protagonismo, la Concertación descansará sobre los principios de la institucionalidad compartida.

 

3.- Todos los integrantes de la Concertación no tolerarán la más mínima tendencia de engrandecimiento o que alguien o grupo intenten adueñarse del proyecto.

 

4.- Para que la Concertación llegue a ser una escuela de diálogo, participación, respeto y democracia, se tendrá que aprender a convivir con las diferencias de pensamiento.

 

5.- Debido a que la Concertación en sus reuniones deberá debatir un extenso grupo de ideas diversas, donde existirán una suma de aspectos que de una manera o de otra se identificarán para que este modo civilizado y moderno de actuar, no sufra rupturas y colapse el proyecto desde dentro, es necesario que los temas sometidos a discusión, cuyo fin no sea otro que garantizar la estabilidad y permanencia de ésta, teniendo en cuenta que en ella toman parte organizaciones e individuos, es menester apelar a la herramienta del consenso.

 

Su empleo para llegar a los futuros acuerdos de forma equilibrada y transparente, será un recurso novedoso que garantizará la permanencia de la concertación. El consenso hay que entenderlo como una original manera de ponernos de acuerdo, entre temas que obligadamente se tendrán que discutir y que por su complejidad y el grado inicial de crispación puede que quizás su final sea irresoluble, pero sólo en el consenso encontraremos respuestas y soluciones a problemas viejos y nuevos. Esta original forma de ventilar los asuntos le permitirá a cada integrante del proyecto, poner en práctica novedosas iniciativas, las cuales, necesariamente deberán descansar en las líneas y principios que han hecho posible el surgimiento de la Concertación.

 

Con el consenso se podrán superar males que en zonas de la cartografía política provocan y continúan provocando muchos problemas. Nos referimos a las variadas manifestaciones de enfrentamientos que se pueden promover entre las diversas organizaciones y ciudadanos que formen parte de la Concertación. Por tanto todos deberán hacer frente y eliminar el más mínimo brote de predisposición e intransigencia.

 

Producto del consenso debemos aprender a convivir cuando sabemos que entre nosotros existen pensamientos diferentes, hay que dominar el arte de la negociación, apostando por el equilibrio, no dando cabida, ya sea por error o infantilismo, a que surjan conductas que estén signadas por discursos extremistas.

 

Es importante que los integrantes de la Concertación no le den el más mínimo espacio a actitudes cainistas, que de permitirse será el detonante que propiciará la liquidación desde dentro del proyecto.

 

Tendremos que superar el síndrome de los enfrentamientos que a veces pervive en nuestras psiquis sin explicación alguna. Deberemos proponernos que la Concertación se convierta en el nuevo escenario de diálogo, reconciliación y de novedosas propuestas en los espacios políticos.

 

Todos debemos asumir que diálogo, reconciliación y moderación son los componentes del tejido constitutivo de la Concertación. Por tal motivo este proceso de acercamiento a algunos sectores del gobierno y los diversos segmentos de la sociedad civil no se debe violentar. Debemos asumir que la aceptación del diálogo, la reconciliación y la moderación nos permitirán alcanzar los espacios y reconocimiento necesarios para poder avanzar hacia un proceso de cambios.

 

Entendemos que si asumimos una desprejuiciada valoración del contradictorio momento histórico en que todos nos encontramos sumidos, y si somos capaces de encontrar juntos los orígenes  y posterior explicación de esas contradicciones, estaremos de acuerdo que lo adecuado es proponer la moderación como estrategia única de la Concertación. De esta forma enviaremos una señal tranquilizadora de que no es nuestra intención desplegar acciones de enfrentamientos o rupturas que pudieran desembocar en la violencia.

 

Por ello lo que nos hará creíbles es poner a prueba la inteligencia colectiva, incorporando los elementos más complejos y exigentes presentes hoy en la modernidad política, los que para su concreción y éxitos exigirán, de todos los integrantes de la Concertación, una adecuada preparación teórica y política. Seguros estamos que el consenso producirá ese seductor espacio de movilidad en que deberá desempeñarse la Concertación. El consenso nos permitirá desplazarnos por los laberintos y vericuetos inciertos y llenos de sorpresas que nos plantea la política. El gran reto que asumiremos es convertirnos en una referencia. Hay que trabajar para despertar las naturales inquietudes y expectativas, tanto dentro como fuera de la Concertación, desplegando una responsable labor para crear los ambientes que nos permitan desterrar recelos y prejuicios en sectores del gobierno, así como en zonas de la oposición.

 

 

La Habana, 30 de abril de 2006

 

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