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Williams
Carmona
Por Armando González, Profesor de Arte
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A través de la historia el hombre no ha
hecho más que registrar los acontecimientos de la
realidad de los cuales ha sido testigo, observador o
protagonista resulta una verdad más que evidentemente
que gracias a esto tenemos hoy una visión parcializada,
subjetiva, pero visión al fin de lo que ha ocurrido en
el camino recorrido por esa criatura indefensa y
obstinada. |
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Cuando se trata de un artista, de un
creador, de aquel que recrea la realidad nos topamos
entonces con seres dotados de imaginación, de
visionarios a veces, que nos hacen descubrir aspectos de
lo acontecido en los cuales no habíamos detenido nuestra
particular visión esos son los inventores, los
trazadores de rumbo, los que abren senderos en el
pensamiento. |
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En este último grupo ubicaría al
pintor cubano Williams Carmona quien, en sus
obras, plasma personajes y situaciones de otras
épocas en una atmósfera contemporánea, en una
suerte de mezcla de tiempos y situaciones que no
son más que la propia historia del Continente
planteados desde una óptica surrealista, de ese
surrealismo tropical, que refleja una particular
manera de expresar nuestro mundo. La historia
de lo maravilloso que es inherente a nuestros
pueblos |
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latinoamericanos
que abarca, desde la geografía, hasta el peculiar
lenguaje gestual que apoya lo que decimos, o que la
mayor parte de las veces, no requiere de la palabra;
desde la surrealidad de Haití y Cuba, hasta las balsas
que cruzan el Estrecho de la Florida y el Canal de la
Mona en una interminable sucesión de esperanzas, de
rosario de calamidades, abusos y represiones, desde las
locuras de Fidel Castro hasta aquellas locuras
inspiradas por la fantasía, de otros locos famosos, que
quisieron cambiar el mundo o sentar cátedra de
despotismo. Es, en fin, la presencia de lo que no vemos
pero que está en la sub-realidad, como manantial de
sueños. |
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William Carmona, quien nace en Cuba a
mediados de los sesenta, crece y se educa en un ambiente
de constantes cambios y desequilibrios: es la Cuba de la
esperanza, (que se convierte después en desilusión), lo
que manipula la imagen de un David enfrentando a Goliat,
la de los cambios radicales y una realidad que no lo
parece, la que crea la soñadora y romántica figura del
Che, la que combate a los hippies, los religiosos, los
homosexuales, los hombres de negocios: de manera que,
además de los antecedentes históricos, Carmona se nutre,
respira, un mundo decididamente surrealista, y esa
experiencia está tamizada por una fantasía creadora, en
lo que realiza en el campo del arte.. Esa experiencia
cubana se afianza y crece con la de residir en Puerto
Rico desde los años 90. Definitivamente, es Carmona un
hombre de islas; fabulador, romántico, bullanguero,
luchador, retante, soñador y sobre todo, creador de
mundos. Ya no se trata, en su caso de ser testigo de su
realidad, sino que a partir de ella, nos ofrece, para
que la compartamos, otra realidad. |
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Desde sus años de estudiante en
Cuba, sus obras cuestionaron/retaron los órdenes
implantados por el sistema ya caduco y sin futuro,
frente al cual se convirtió en un artista controversial,
que se oponía a ser, manipulado por una retórica basada
en el arte ¿comprometido?, utilizado como un arma
“ideológica” y cuya estética descansaba en el llamado
“realismo socialista” inventado por los soviéticos
durante los anos de guerra fría.
Para Carmona, como para millones de cubanos, no había
otra salida: había que buscar la forma de salir de Cuba,
estacionarse en otro país explorar otros lenguajes y
realidades, que han enriquecido su mundo espiritual y
artístico: México, Miami, Nueva York, San Juan,
Paris, Madrid, Berlín, son los testigos de esa
necesidad de conocer y experimentar, observar y evaluar,
imaginar e inventar en un proceso constante y personal
que los llevan a ser reconocido como un creador con un
estilo muy peculiar a través de un discurso surrealista
extraordinario.
Basta señalar que sus mejores obras forman parte de las
colecciones de prestigiosos museos de los Estados Unidos,
Europa y Latinoamérica. Ya para 1997, sin haber cumplido
aun los treinta años, su obra comenzó a ser objeto de
remanentes en Cristi’esy Sotheby’s. De esa forma
la atención de los críticos y amantes del arte
latinoamericano han elogiado sus resultados artísticos
y, al mismo tiempo, esperan de este alquimista
fantasioso nuevos experimentos. |
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La realidad nos indica
que no tuvieron que esperar mucho tiempo; su
incursión en la nueva figuración (el llamado
expresionismo caribeño), sus
escenarios/mesas existenciales, sus
metafóricos huevos fritos, sus cabezas
renacentistas, sus complejas instalaciones
evidencian que estamos ante un joven
visionario. |
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Y la capacidad de sorprendernos no se
agota: ahora Carmona presenta sus espejos
tridimensionales, donde, al igual que en sus sartenes
pintados, aparecemos nosotros mismos, con deseos,
frustraciones, pequeñas miserias y grandezas, como en
“Si hablas de mi te coseré la lengua” del 2003. La más
reciente provocación de Carmona son los apisonados
maniquíes (pinturas esculturales). |
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Ya
en sus sartenes el pintor había combinado la propuesta
estética de Marcel Duchamp (quien redefinió el
arte de siempre), el brillante concepto de la
repetición de Warhol, a través de estos utensilios
ampliamente usados en el Caribe devenidos ahora en
objetos surrealistas, lenguaje provocador manejado por
Carmona desde sus años de estudiante en el Instituto
Superior de Arte de La Habana. |
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En el caso de los maniquíes, “En la
punta de mis memorias”, traduce, interpreta, inmortaliza
tanto el mundo físico, como aquello que forma parte de
nuestra subjetividad: imágenes, recuerdos, invenciones.
Maniquíes desechados u huérfanos son
recopilados por Carmona para intervenir sobre ellos y
darles nueva vida para convertirse en una especie de
padre espiritual de esas frías figuras, transformadas
ahora por la mano y la invención del pintor. Carmona
“viste” sus estáticas figuras con sus pinturas que
abordan lo más oscuro de la existencia del hombre, como
los más bellos poemas que somos capaces de escribir en
nuestro deambular por este espacio planetario. Se atreve
a crear unos- “mapas” por donde transitan personajes de
Velázquez, mendigos del Viejo San Juan, Dalí, Martí,
Jesucristo, prostitutas de La Habana Vieja.
Estos objetos vestidos y desvestidos
en los comercios y cuyo final es el vertedero de basura,
cobran vida, cuentan su historias, aman, desean, nos
observan, nos invitan a relacionarnos con ellos.
Con su impresionante obra
tridimensional, con sus recientes pinturas sobre canvas
donde narra la capacidad de los balseros. “Si vienes
conmigo puede que tengas riesgos”, en la cual aparece
Jesucristo forzado a huir del holocausto, acompañando a
cubanos deseosos de entrar en espacios de libertad, se
hace evidente que Williams Carmona que continúa
retándonos a que lo acompañemos en un viaje inolvidable,
en el cual se nos clarifica la idea de que los seres
humanos debemos de seguir luchando para que la vida no
sea tan corta.
Nos enseña, por otro lado, que, gracias
a cronistas como él, estamos al tanto de lo que sucede a
nuestro alrededor, de ver su esencia, de que debemos de
esforzarnos para no continuar convirtiendo en un
infierno este mágico suelo que, nuestro primer cronista,
el Almirante, describió como un paraíso.
Carmona es, pues ese creador
visionario con sensibilidad de alquimista que
necesitamos para que la abulia no domine nuestra
capacidad de soñar. |
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