En Cuba se conoce como religiones sincréticas a la práctica extendida entre la población de rendir culto a los dioses africanos de la cultura yoruba (yorubá) conocida como Regla de Ocha o Santería a través de las imágenes de los santos venerados en la religión católica. Cada una de las deidades recibe el nombre genérico de oricha, orisha u orissa, y tiene su "equivalente" con un determinado santo católico, de acuerdo con los elementos sincréticos considerados históricamente.
Así nos encontramos, por ejemplo, que Obatalá (Obbatala) ha sido sincretizada en la Virgen de las Mercedes, o que Changó (Shango) ha sido sincretizado como Santa Bárbara, etc., en una relación que contempla a una parte importante de las deidades del panteón yoruba.
Pero esta fusión va más allá de la identificación. Es conocido que los babalaos y los santeros recomiendan a quienes les consultan realizar determinadas prácticas y ceremonias dentro de las iglesias católicas lo que llega a ser más significativo en el caso (como en el de las Mercedes) en que una iglesia esté identificada con un santo en particular.
El fenómeno del sincretismo no es exclusivamente cubano. Ha ocurrido siempre que se han "encontrado" dos culturas diferentes y que por diversas circunstancias coexisten en el mismo espacio y tiempo. Y obviamente este fenómeno no se circunscribe al ámbito religioso aunque aquí sólo nos limitaremos a este.
¿Cómo ocurrió esta fusión en Cuba? Hasta donde conozco existen dos hipótesis:Creo que ambas hipótesis se complementan en el sentido de la existencia de un proceso paralelo en que convergieron ambas circunstancias a partir de las necesidades de cada uno de los factores sociales en juego hasta llegar a un resultado a partir del cual se hace muy difícil desentrañar su génesis o buscar una sola razón originaria.
No me extenderé aquí en este particular. Sólo me referiré, a modo de ejemplo, a lo que ocurrió en el resto de América con los indígenas. Para ello citaré dos párrafos del resumen de una investigación que, a mi juicio, define muy bien todo el proceso y que es válido también en Cuba con la diferencia de que se llevó a cabo con los esclavos africanos debido a que la casi totalidad de los indígenas de Cuba fueron exterminados durante el proceso de conquista y colonización:
"La relación entre la religión cristiana y las religiones indígenas era - equivalente a la relación entre los conquistadores y los conquistados - una relación de desequilibrio y de asimetría. Los misioneros de la iglesia católica presentaron el cristianismo como la única religión verdadera e insistieron en que los indígenas abandonaran su religión antigua. Consideraron la religión de los indígenas como adoración diabólica de los ídolos paganos. En la evangelización, el método principal fue el llamado método de "tabula rasa". Los misioneros trataron de destruir totalmente las religiones precolombinas para reemplazarlas con la religión cristiana. A pesar de su intolerancia, los pocos misioneros tuvieron que hacer concesiones para poder convertir rápidamente la inmensa población indígena al cristianismo.
La contradicción principal entre la religión cristiana y las religiones indígenas se manifestó más claramente en el nivel ideológico, o sea, en una contraposición entre los sistemas de creencias. Esto apareció especialmente en la contradicción entre el monoteísmo cristiano y el politeísmo de las religiones autóctonas. Esta incompatibilidad fue parcialmente neutralizada por el culto a los santos, que desempeñó un papel fundamental en la cristianización de los indígenas. El culto a los santos contenía grandes similitudes ideológicas y estructurales con la religión politeista de los indígenas. Esto facilitó a los indígenas aceptar la nueva religión que subrayaba el dominio de un solo dios. En la formación del culto a los santos, las "apariciones" de los santos y las identificaciones entre los dioses precolombinos y los santos católicos ocuparon un papel central." [Jouni Pirttijärvi. "El sincretismo religioso en el culto a los santos de los mayas y de los aztecas."]
Con independencia del factor social que originó dicha práctica no es menos cierto que se extendió entre los esclavos quienes efectivamente vieron el modo de continuar con sus ritos y no ser castigados por ello. Durante muchos años a estos cultos se les calificó como "cosas de negros" o "brujerías", pero con el paso de los años se propagó entre toda la población hasta el día de hoy en que la practican tanto blancos como negros sin distinguir profesiones, nivel cultural o estatus social.
Aunque hemos hecho referencia a hechos históricos muy lejanos en el tiempo no debemos olvidar que la práctica de estas religiones sincréticas está muy extendida hoy en Cuba hasta el punto de atreverme a afirmar que es la religión que más seguidores tiene hoy en día, aunque esta afirmación exige una precisión.
Históricamente el catolicismo ha sido la religión "oficial" del Estado, estando presente en algunos de los actos más importantes del acontecer social como el bautizo, la primera comunión, el matrimonio o la extremaución. En todos los censos en que se pregunta por la religión que se profesa el catolicismo se ha erigido como preferente. Pero paralelamente, como a escondidas, muchos cubanos practican algunos de los ritos de las religiones sincréticas y acuden a las consultas de un babalao, de un santero o de un palero tal y como acuden a un espiritista, cartomántico o curandero. De modo que un creyente católico, o de cualquier otra iglesia cristiana, paralelamente puede practicar algún culto de estas religiones sincréticas o viceversa.
La razón de esta contradicción se fundamenta, a mi juicio, en criterios que perviven desde los tiempos de la colonia en que estas religiones eran consideras -ya lo apuntábamos- como "cosas de negros" y anatematizadas por la Iglesia Católica como contrarias al espíritu del cristianismo. En ocasiones se les vincula con prácticas oscurantistas y maléficas de lo que se denomina como magia negra y hay personas que profesan cierto temor por la creencia de que en algunos ritos se utilizan huesos humanos robados de los cementerios y sin olvidar a los que aseguran que estas religiones sirven a los intereses de Satanás.
En virtud de lo anterior existe la opinión casi generalizada en público de identificar a los creyentes de estas religiones con personas de muy bajo nivel cultural y social lo que incide en que en muchas ocasiones los ídolos u objetos con los que les rinden culto dentro de las casas estén ocultos a las miradas ajenas y que no se publicite la visita a un santero o a un babalao tal como se haría cuando se asiste a una misa católica, por ejemplo.
En Cuba se da otro fenómeno peculiar. A pesar de la ofensiva ideológica y política llevada a cabo por Fidel Castro en contra de todas las religiones hasta el punto de excluir a los creyentes de la posibilidad de acceder a determinados trabajos (magisterio, medios de comunicación, etc.), de negarles la posibilidad de ingresar en las organizaciones del partido y de la juventud y prácticamente llevarlos a la condición de marginados y de definirlos como cuasi-contrarrevolucionarios cuando no delincuentes comunes, una parte de la población ha mantenido sus creencias y otros están accediendo a ellas en la misma medida en que se agrava el deterioro físico y espiritual del país.
Algunos de los que han mantenido sus creencias han adoptado el método conocido como el de la "doble moral": en público se manifiestan como ateos mientras que en privado, a escondidas y casi clandestinamente, practican sus creencias. Es algo muy triste pero es una práctica que se manifiesta también en el plano político, ideológico, cultural y, en general, en todas las esferas de la vida social. Esta situación ha cambiado en el presente después de que Fidel se viese obligado a "autorizar" a que los cubanos pudiesen tener creencias religiosas con la garantía de que no serían perseguidos por ello.
El orisha sería, en principio, un ancestro divinizado que en vida estableció vínculos que le garantizaban un control sobre ciertas fuerzas naturales como el trueno, el viento, las aguas, además de la posibilidad de ejercer ciertas actividades como la caza, el trabajo con metales, y el conocimiento de las propiedades de plantas y su utilización. El poder, aché, del ancestro-orisha tendría, después de su muerte, la facultad de encarnarse momentáneamente en uno de sus descendientes durante un fenómeno de posesión provocado por él.
La Regla de Ocha cuenta con un variado panteón de divinidades a las que hay que alegrar y satisfacer frecuentemente con ceremonias festivas que llevan este propósito. Lo esencial, para los que practican esta religión, es el culto respetuoso a los orishas mediante la adoración, alimentación y cumplimiento ritual de todas las fechas históricas dentro de la liturgia santera.
El fundamento o foco de la santería cubana, como en Nigeria entre los yoruba, es la piedra (otá), donde residen los atributos mágicos de los poderes (fuerzas naturales o deidades). Estas piedras, generalmente de los ríos, pulidas y redondas, son el receptáculo de cada una de las divinidades y los practicantes deben llevarlas consigo, al menos en los rituales de envergadura.
La adivinación constituye el pivote de la santería. Las ceremonias de iniciación se rigen por el dictamen de los dioses, quienes determinan si una persona deberá o no recibir el aché o gracia divina. Son los orishas los que deciden quiénes tienen derecho a recibir los collares, los guerreros o a iniciarse oficialmente recibiendo en su cabeza al santo que le ofrezca su paternidad. Sin la decisión de ellos, sin su consentimiento, nada puede realizarse en la vida del practicante.
En Cuba se le rinde culto con especial preferencia a Elegguá, Ochosi, Oggún, Orula, Changó, Yemayá, Obbatalá, Oyá, Ochún y Babalú Ayé. Otras divinidades objeto de culto y también adoradas y respetadas son: Oba, Orisha Oke, Naná Burukú, los Ibbeyi, Inle, Aggayú Solá, Yegguá, Osaín. La jerarquización de las divinidades está determinada por sus poderes y atributos así como por etapas históricas y las necesidades de los creyentes.

La Regla de Palo Monte o Regla Conga proviene de las regiones africanas del Congo, zona hirsuta, con diversidad de tribus, dialectos, hábitos y costumbres. Congo fue el calificativo aplicado a la mayor parte de las expresiones bantú, como modo de sugerir un parentesco con el acervo cultural y religioso proveniente de este tronco linguístico.
El origen de la Regla Palo Monte es remoto e impreciso y ninguno de los elementos de la cultura conga que sobrevive en Cuba puede precisarse desde el punto de vista etnográfico, sino más bien puede afirmarse que las diferencias rituales y las tendencias de cada palero (practicante) están fijadas por sincretismos elaborados en la isla. La permeabilidad de estas sectas congas se ha visto dominada por la influencia yoruba preponderante. Las fuerzas sobrenaturales adoradas por los congos asimilan elementos y rasgos de las divinidades yoruba pero mantienen su cuerpo de historia, detrás de las cuales se encuentra un origen propiamente bantú. Nuevas categorías, elementos del culto espiritista y del catolicismo pasaron también a las sectas congas de la isla y las enriquecieron.
Regla Conga o Regla de Palo (Palo Monte) es la concepción más global que existe. Refleja la presencia del palo del monte como elemento mágico de conjuro. Es una definición que puede englobar a otras tendencias de las sectas congas de Cuba y de hecho absorbe casi todos los ritos de brujería de las restantes.
Briyumba, Kimbisa y Mayombe son las principales nomenclaturas definidoras de los cultos congos de origen bantú. Mayombe o Palo Monte es una de las más comunes y populares. El palero se sirve de la naturaleza, en franca actitud animista, para explicar la vida. Su oráculo apela a los dioses y fuerzas naturales para el ejercicio del pensamiento. Los hombres explican a los dioses y no a la inversa.
Los bailes tienen aún alguna vigencia. En cualquier casa de palo se ejecutan casi a diario en ceremonias de iniciación, de celebración de la festividad de algún dios, o simplemente para hacer que la prenda o nganga camine bien. Son de fuerte carácter colectivista. Unos son de parejas, como el palo y la yuka, otros como la macuta y el garabato, de organización más anárquica, pero todos con una formidable pantomima.
Los tambores congos con que se ejecutan estos toques para bailar y cantar son de tres tipos: la nagoma, tres tambores de duelas rectas en forma cónica invertida, con cuero clavado, para tocar sentado o ladeado el tambor. Los de yuka, llamados caja, mula y cachimbo. Y los de macuta, que pueden ser dos o tres y se tocan a mano limpia: Los macuteros se los atan a veces a la cintura para facilitar su estabilidad, son cilíndricos, muy anchos, también de duelas y flejes pintados con rayas, escudos o cualquier otra filigrana alegórica del simbolismo congo.

Los africanos creían que cuando el santo se marchaba de la Tierra iba al cielo y después regresaba en forma de lluvia que, al caer en los ríos, se convertían en piedras chinas que tomaban el color según el orisha que le había dado origen.
Estas piedras se recogían una a una y se les iba preguntando, mediante la adivinación con cocos, si tenían el espíritu de algún santo en particular. Si la respuesta era afirmativa entonces se les lavaba con el omiero de Osaín, omiero que se prepara con 21 hierbas y otros ingredientes. Después se hace el sacrificio de animales ya que la sangre de los animales fortalece y da fuerzas a ese espíritu para que se desarrolle y crezca y para que el santo pueda hablar con sus hijos.
Argayú (Algallú).- Este orisha nace de las entrañas de la tierra. Su nombre significa "mirar hasta donde alcance la vista" y también "poderío del otro mundo." Se manifiesta a través de los volcanes y del Sol, de ahí su poderío. Es el hermano mayor de Changó aunque hay quien cree que es su padre. Tiene que ver con todos los elementos de la vida y de la muerte. Se ha sincretizado con San Cristóbal, patrón de la ciudad de La Habana, capital de Cuba.
Babalú Ayé.- Es un orisha peculiar ya que tiene un reino, Yefa, donde es dueño y señor. En la provincia de Matanzas, en Cuba, se le venera en un culto específico. Es el dios de las enfermedades y de la sangre y es a quien se le pide cuando hay problemas relacionados con la sangre y enfermedades malignas. Al único santo que respeta es a Changó porque fue este quien le quitó los perros a Oggún para dárselos a él y fue también quien lo llevó a Yefa donde lo hizo rey. A Babalú Ayé se le ha sincretizado con el San Lázaro católico de los perros y tiene su propio santuario en el pueblo de El Rincón, en La Habana, lugar donde se ha construido un leprosorio con el mismo nombre. Se le rinde homenaje el 17 de diciembre. Muchas de las promesas que se le hacen se cumplen este día conviertiendo al santuario y sus alrededores en el lugar más venerado y conocido por los cubanos y muchos extranjeros.
Changó (Shangó).- Es posiblemente el más conocido de los orishas y al que muchos fieles admiran. En su vida en la tierra fue rey. Se le ha sincretizado con Santa Bárbara. Es el dueño del rayo y del fuego. Fue adivino antes que Orula, su hermano, pero le dio su tabla a este para que se ganara la vida. Es el guerrero más fuerte y fiero de todos los orishas. Es mujeriego, alegre y guarachero, buen bailador. Es el esteriotipo clásico del macho valiente, pendenciero y conquistador que rechaza a los homosexuales. Le tiene un gran amor a la vida y es por ello que no le gusta andar en cosas de muertos. Es el dueño del tambor y le pertenece el batá.
Eggún.- En la Santería o Regla de Ocha hay una idea o creencia de rendirle honores a los antepasados o ancestros de los santeros que van a rendirle culto a sus santos u orichas mediante una ceremonia muy importante. Pero primero hay que rendirle culto a los Eggun o espíritus de sus mayores dentro de la rama a la cual pertenece ya que en la Regla de Ocha existe el principio de rendirle honores primero al muerto y después al santo. Los eggún o los espíritus de los espíritus demandan que además de rendirle honores se les dé de comer en caños y vertederos, además de gallos, gallinas y otras ofrendas. También puede realizarse una ceremonia donde se les ofrezca un toque de tambor siempre y cuando el Eggún lo pida.
Elegguá (Elegwuá).- Es el dueño de los caminos y es él quien los abre o cierra a voluntad, ya sean los caminos físicos de las calzadas como el camino de la vida. Vive dentro de las casas y se le coloca junto a la puerta principal. Es juguetón y travieso como un niño. En las ceremonias y rituales es el primero en comer. Se le ofrecen chucherías, caramelos y golosinas entre otras ofrendas. Se le ha sincretizado con el Niño de Atocha.
Ibeyis, Los.- Los Jimaguas son los santos más pequeños de la religión Yoruba. Son hijos de Changó. La palabra Ibeyi significa "jimaguas sagrados". Tienen un poder muy grande y son los niños mimados de esta religión. Se les ha sincretizado con San Cosme y San Damián.
Inle.- Médico, pescador, cazador y adivino con Ucuele. No era babalao pero tenía la autorización de Olofi para que fuera todas estas cosas y todo lo que hacía le salía bien aunque su principal función era la de ser pescador. Es patrón de los médicos. Se cuenta que es dueño de los ríos y protector de los peces.
Obatalá.- Es el primer orisha en rango porque fue el primero que bajó a la Tierra y porque en él está materializado Olofi. Su nombre significa, literalmente, Rey de todos los Santos. Es el creador de los demás orishas. Él dice todo en este mundo y cuida que todo salga bien. En Obatalá nace la luz y la oscuridad, la vida y la muerte, lo bueno y lo malo. Es el único juez de esta religión pues su palabra es ley. Es el único que puede mediar cuando hay guerra entre los santos ya que todos le respetan. Es el dios de las casas y se le pide cuando se quiere conseguir un hogar propio. En Obatalá nace todo lo puro y espiritual de esta vida. Obatalá es la cabeza de esta religión en el sentido de guía. Obatalá es quien nos juzga en la Tierra por las malas acciones. Se le ha sincretizado con la Virgen de las Mercedes.
Ochosi.- Ochosi es el único Orisha que es brujo de verdad, de acuerdo con la creencia popular. Es Ochosi quien tiene la tarea de cazar para que Olofi y Obatalá puedan comer. También es el dios de la justicia.
Ochún.- También se le conoce como Yalorde que significa Reina. Según cuenta la leyenda fue la única que pudo sacar a Oggún del bosque utilizando la miel (es la diosa de la miel). Se dice que tuvo amores con todos los Orishas, que conoce sus secretos y que todos le respetan y le quieren. Estos amores fueron en etapas (caminos) diferentes de su vida. En cada una ella fue mujer de un solo hombre. Por este atributo le corresponde ser la diosa del amor que lo hereda de su madre, Yemayá. Es la reina de la dulzura, del amor, del oro, del pelo lacio y las aguas dulces. Tiene el atributo de ser la salvadora del mundo. Es la mensajera de Olofi siendo este el motivo por el que todos los Orishas, cuando se van a coronar, tengan que ir al Ile de Ochún para darle cuenta de lo que se va a hacer. Se ha sincretizado con la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba.
Oggún.- Es un orisha muy importante en la religión Yoruba porque es el encargado de dar de comer al resto de los orishas. Es el dueño de los metales y del cuchillo con el que se hacen los sacrificios. La sangre de los sacrificios que después llenará las soperas de los demás pasa primero por sus manos. Su misión es la de guerrear sin descanso por todos nosotros en la religión y en la vida. Es brujo y guerrero (como Changó) y lo demuestra en las guerras. Oggún nace de la entrañas de la tierra porque él es el hierro. La palabra Oggún significa guerra y destrucción pero también medicina y espíritu bueno y malo. Tiene mucha relación con los espíritus. Le gustan las cosas de muertos y la hechicería. Su esposa es Oyá quien le enseñó el arte del amor.
Olofi.- Es el creador del universo. Fue él quien repartió a cada oricha los dominios que cada uno tendría sobre los elementos y las fuerzas. A partir de ese momento los orishas comenzaron a ejercer sus propios influjos sobre los hombres, las plantas, las aguas y los animales que poblarían la Tierra. Siempre que se hace algo en la Regla de Ocha se le pide permiso a Olofi. Este dios supremo no come ni bebe, ni usa collares, ni tiene colores, ni yerbas, ni cantos, ni rezos, porque lo es todo en el sentido infinito de la palabra "Olofi" (Dios)
Olokun.- Reina en las aguas. Cuando se formó el mundo había más agua que tierra y por eso le corresponde el segundo lugar en jerarquía del panteón Yoruba. Su nombre también significa la profundidad de los océanos, madre de los peces y caracoles del mundo. Con Olokun viven dos espíritus: uno que representa la vida y otro que representa la muerte. Ambos están representados en las herramientas de Olokun. No habla directamente sino por boca de Yemayá.
Orisha Oko.- Junto con Olokun es el orisha más poderoso de este mundo y uno de los más venerados en el panteón Yoruba. Orisha Oko es la tierra, toda la tierra, es decir, una parte de este planeta ya que la otra parte es agua. Del matrimonio de la tierra y el mar nacen todos los orishas. Este santo tiene dos caras: de día es un hombre apuesto y hermoso y de noche es todo lo contrario. Habla por boca de Yemayá. Todo creyente debe tener este santo pues él es la tierra de donde venimos y adonde iremos al morir. Esto nos garantiza la firmeza necesaria para vivir en este mundo. Es tan viejo como el mismo Obatalá. Su grandeza viene dada, además, porque posee el misterio de la vida y de la muerte.
Orula.- Es el depositario del tablero de Ifá por medio del cual los babalaos realizan su tarea adivinatoria. El primer adivino fue Changó pero le regaló el tablero a su hermano Orula para que fuera él quien realizara esta labor. Orula es un orisha muy poderoso y tiene prioridad, por sobre todos los demás orishas, para seleccionar a sus "hijos". Los babalaos (sacerdotes de esta religión) son hijos de Orula.
Osaín.- La palabra Osaín significa conocedor, médico, comienzo de vida, eternidad. Osaín es el espíritu que vive en todo lo que tiene vida en la tierra. Es el médico de la religión. Es el dueño de todas las plantas, hierbas, y animales de este mundo. No hay nada de santo sino se pasa por los baños de las hierbas de Osaín. Osaín tiene una sola pierna, un solo brazo y un solo ojo. Este espíritu no es visible para nadie. Se le conoce a través de sus plantas y animales, en una palabra, de la vida en la tierra.
Oyá.- Oyá es uno de los cinco elementos más importantes en esta vida. Ella es la secretaria de Olofi porque es la primera que lo sabe todo en esta vida, pues es el aire. En las ceremonias de muerto se busca a una hija de Oyá para que baile el tambor por ser la muerte en persona. Oyá es dulce y pura, amable y bondadosa. Cuando hay enfermos es a ella a quien se le pide y ruega por la salud de esa persona. Cuando está enfadada, como tiene los atributos de Oggún y de Changó, es tan falsa y mala como el huracán y el tornado. Su esposo es Oggún a quien abandonó por el amor de Changó. La parió Olokun y la crió Yemayá. Oyá es la orisha del campo Ocu: la casa de los muertos, del cementerio.
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Barcelona, verano de 2005.